La creencia de que la masturbación entraña un verdadero peligro para la salud del organismo está fuertemente arraigada.
Resulta significativo que quienes mayores razones
encuentran siempre para condenar la masturbación sean quienes
más insistan en los peligros físicos y mentales que comporta.
Aunque tales afirmaciones están científicamente
superadas, no obstante, un número sorprendente de médicos,
psiquiatras, psicólogos y educadores las siguen perpetuando hasta
nuestros días.
El examen de las opiniones sobre la masturbación no responde
tan sólo a un interés de búsqueda de la verdad
histórica. Su significación radica en el hecho de que
resultará revelador para comprender las actitudes que los hombres
y las mujeres de hoy son capaces de adoptar en relación con el
“problema” de la masturbación.
La antigüedad.
Históricamente, la condena de la masturbación se remonta
a épocas muy lejanas si tenemos en cuenta que ya se hallan vestigios
de ella en el Libro de la Muerte escrito en
los años 1500 y 950 a.C. No obstante, en Grecia y en Roma no
estaba severamente reprobada, como lo demuestran los escritos de Marcial
y Plutarco.
Al respecto, podemos recordar que el ateniense Diógenes
se masturbaba en público. Plutarco escribe que el filósofo
Crisipos había felicitado a Diógenes
por el hecho de haber afirmado, de tal modo, su cinismo. Los cínicos
recomendaban la masturbación como el mejor método de satisfacción
sexual. Las numerosas controversias suscitadas respecto a tales
prácticas en la literatura griega demuestran que estaban muy
extendidas. Aristófanes criticó la masturbación,
pero sus reparos no constituyen una auténtica condena, pues afirmó
que era comprensible en las mujeres, los niños, los esclavos
y los ancianos. Menos tolerante en la práctica, la actitud de
Roma con relación a la masturbación era sensiblemente
la misma que en Grecia.
La tradición represiva.
Reservado durante la Edad Media al ámbito de la íntima
conducta personal, el problema de la masturbación asumirá,
en la época moderna la dimensión de un problema social
llamado a centrar la atención de la literatura profana y de los
responsables de la higiene pública.
La obra del inglés Bekker, cuyo título
traduce ya el tono y contenido de su enfoque, expresa muy bien la perspectiva
en que se aborda la masturbación: Onania o el pecado
infame de la autodeshonra y todas sus temibles consecuencias para ambos
sexos, con consejos morales y físicos dirigidos a aquellos que
se han dejado arrastrar perjudicialmente por este abominable vicio.
Con un anexo que incluye la carta de una dama al autor y la respuesta
de éste sobre el uso y abuso del lecho conyugal.
Para este autor, la masturbación es un hábito abominable,
un horrible pecado y, cargando las tintas, llega a afirmar que provoca
toda suerte de prejuicios como el agotamiento, la delgadez, la esterilidad,
la frigidez y la impotencia.
La obra del médico suizo Tissot (S. A. Tissot,
L’Onanisme. Dissertation sur les maladies produites
par la masturbation. Lausanne, 1770), se ha hecho océlebre
por las exageraciones de que hace alarde en lo relativo a las nefastas
consecuencias del “vicio solitario”. Su descripción
supera lo imaginable, estas son sus palabras:
“Me encontré no tanto a un ser vivo
como a un cadáver, que yacía sobre la paja, delgado, pálido,
sucio y transpirando un hedor infecto. Casi incapaz de realizar movimiento
alguno perdía a menudo un hilillo de sangre blanquecina y acuosa
por la nariz. Babeaba continuamente y, atacado por la diarrea, arrojaba
sus excrementos sobre el lecho sin darse cuenta. El flujo seminal era
ininterrumpido; sus ojos legañosos, turbios y apagados carecían
de movilidad; el pulso era extremadamente débil, agitado e irregular;
su respiración dificultosa y su delgadez excesiva, a excepción
de los pies que comenzaban a presentar síntomas edematosos. No
era menor el desorden de su espíritu. Flaqueaba su memoria, era
incapaz de articular dos frases coherentes, irreflexivo e indiferente
sobre su suerte, no experimentaba otro sentimiento que el dolor que
le embargaba en sus accesos de crisis cada tres días. Convertido
en un ser muy por debajo de la bestia y cuya visión provocaba
un horror inconcebible, daba pena que en otro tiempo había pertenecido
a la especie humana”.
Con Tissot la discusión del problema alcanza un nivel sociológico.
Lo esencial de la masturbación ya no será su condición
perturbadora, sino las características de su tratamiento.
El tratamiento prescrito consistía en el régimen y los
baños…
Ya en el siglo XX, las preocupaciones no iban tanto dirigidas a curar
la masturbación como a reprimirla. A la ya horrible lista de
consecuencias físicas, se añaden ahora con frecuencia
el consejo de adoptar medidas represivas, llegándose
incluso a aconsejar intervenciones mutiladoras.
En Inglaterra, el tratamiento quirúrgico se puso de moda.
En 1858, Brown, célebre cirujano londinense,
propuso la ablación del clítoris (clitoridectomía).
Merced a la ablación del órgano responsable, pretendía
la curación de la masturbación. Practicaba esta intervención
sobre niños y adultos y fundó una clínica especializada
para mujeres, la London Surgical Home.
Otros remedios preconizados para curar la masturbación fueron:
la aplicación de cataplasmas sobre las nalgas, las partes genitales
y la espina dorsal; la circuncisión; la aposición de tablillas
sobre las partes genitales. Aunque en este aberrante contexto hubiera
sido lógico, parece ser que nunca se llegó a considerar
la ablación del pene en los muchachos.
En fecha tan reciente como 1925, el 10% de los tratamientos
prescritos en USA todavía consistían en intervenciones
quirúrgicas.
No cabe duda de que todas las enfermedades, desde las más benigna
a la más grave, fueron atribuidas a la masturbación. La
timidez, la anemia, las ojeras, la debilidad, la delgadez, la ansiedad,
la depresión, la tendencia al resfriamiento, la inseguridad,
el asma, así como el dolor al orinar o la retención de
orina…Todo era debido a la masturbación.
Como resultado de las numerosas publicaciones en este sentido, tal
concepción se difundió entre el público hasta el
extremo de que, incluso en nuestros días, muchos enfermos creen
observar y descubrir en sí nuevas enfermedades que atribuyen
a la masturbación.
La creencia de que la masturbación entraña un verdadero
peligro para la salud del organismo está fuertemente arraigada.
Algunas personas llegan a considerar como algo normal que las prácticas
masturbatorias conlleven nefastas consecuencias.
Con todo lo citado anteriormente y mucha más documentación
que poseemos nos bastan para demostrar que la ignorancia, los prejuicios
y la exageración son las verdaderas causas de los males atribuidos
a la masturbación. Y es preciso denunciarlas abiertamente por
todos los profesionales de la salud sexual.
Sergio Pérez
Serer
Clínica de Psicología y Sexología Pérez-Vieco
Sexoafectivo.com